El timbre y la palabra

SherezadeLa literatura es un arte independiente.
Mientras la música siempre necesitará del intérprete para existir, la literatura en cambio, llega a su público de manera directa. No es que no exista el rol del intérprete, en realidad el público es quien lo asume.
Cuando uno lee un libro hace lo mismo que el instrumentista que lee una obra musical. La única diferencia es que la escritura musical es un idioma muy complejo, de infinitas posibilidades, que nos obliga a especializarnos en su lectura. En la literatura, a veces, los traductores asumen parte del rol interpretativo, pero en definitiva, con ayuda del traductor o sin ella, es quien lee el intérprete de la obra.
Hasta que Claude Debussy concibe el Preludio para la siesta de un Fauno, estrenado en 1894, puede decirse que la música académica se basa en el tema, que no es otra cosa que un pedazo de música sobre el que se estructura el discurso. En otras palabras, importan las notas y no quien las toca. Con el tiempo, quizás gracias al desarrollo de la orquestación durante el siglo XIX, que descubre en cada obra nuevas sonoridades, los compositores le otorgan más importancia al timbre (qué instrumento toca y cómo). Pero es indudable que el Preludio de Debussy es algo nuevo y distinto. Después llegará el momento en que la importancia del timbre alcance, o incluso supere, la importancia del tema, de las notas.
En la literatura pasa algo parecido. Lo más importante es el argumento, el tema, los hechos. Algunos autores conseguirán ampliar las posibilidades de sus obras metiéndose en la cabeza de sus personajes, estudiando sus miedos y sus ideas. Pero en algún momento comenzará a adquirir importancia lo que suena. Habrá autores entonces, que se preocupen especialmente por cómo suenan sus oraciones, buscando cuál de las miles de formas de decir lo mismo, es la indicada para su obra. Y de a poco, la importancia de lo que suena, del timbre, se mostrará al mismo nivel que el argumento y el tema. Incluso existirán obras literarias cuyo valor no vendrá dado por los hechos que se relatan, sino por los sonidos con que se los cuenta.