El ojo cardiovascular

El otro día me latió el ojo. Ahí nomás me iluminé y estoy en condiciones de anunciar una nueva y revolucionaria teoría fisiológica. Es claro que tiene que existir una razón de peso para que el ojo lata cada tanto y no puede ser otra que dar algunos segundos de descanso al corazón. Todos pensamos alguna vez en lo inexplicable que resulta que el músculo cardíaco pueda estar sacudiéndose indefinidamente a lo largo de la vida.
3.155.760.000 latidos en una vida es demasiado para no descansar. Aquí es donde entra el ojo. Cuando, cada tanto late, lo que está haciendo es reemplazar al bobo asumiendo la responsabilidad de hacer circular el oxígeno a través del cuerpo usando como vehículo el torrente sanguíneo. Sin duda esta teoría arrojará luz sobre uno de los hechos fisiológicos más extraños que existen, que nos lata el ojo.
Otras teorías indican que la causa del mal del ojo (para diferenciarlo del mal de ojo) sería la acumulación de ácido láctico en los músculos que lo circundan. No acuerdo con ellas porque me parece exagerada la idea de que los músculos de alrededor del ojo realicen esfuerzo considerable.