Recreación instantánea

Como raras veces sucede, el otro día comí un caramelo. Más allá de sus gustos y consistencias, los caramelos tienen siempre un problema. Siempre termina uno con el papelito en la mano sin saber que hacer. Tirarlo a la basura suele ser la mejor y más correcta opción, aunque hay otras muchas cosas que se pueden hacer con un papel de caramelo. Es entonces cuando veo un tacho de basura a unos tres metros de distancia. Decido arriesgarme a probar mi puntería, para así prescindir de mis pasos hasta el objeto. Primero reduzco el papelito a su mínima expresión esférica. Miro fijamente el tacho de basura, tan fijamente que si pudiera se escondería. Me concentro. Apunto. El papelito describe la típica parábola propia de todo tiro oblicuo. Mientras vuela, el papelito se expande renunciando a su forma de pelota. El aire lo frena. Cae afuera.