Nace superhéroe

Agustín no nació de una manera normal cuando lo hizo. Un parto complicado obligó a pensar, a todos los actores de reparto protagonistas de su nacimiento, que no sobreviviría. Es que duró mucho y significó un gran esfuerzo para él. Pero Agustín contra todos los pronósticos salió ileso, llorando sólo para que sus padres se quedaran tranquilos.
Después de salir del sanatorio, Agustín no tardó mucho en llamar la atención. Es que una mañana su mamá lo encontró durmiendo en el aire. Sí, en el aire. Agustín dormía flotando a treinta centímetros de su colchoncito celeste. Su madre aterrada, presa de la más temible desesperación y tras haberle comunicado lo sucedido al padre de la criatura, llamó a un exorcista.
El sacerdote espantademonios trabajó durante un rato. Salpicó toda la habitación con agua bendita y pronunció oraciones en latín y arameo. Agustín, que permanecía durmiendo serenamente en el aire, ni se inmutó. El hombre de dios se sintió confundido, se acercó y tomó al bebé entre sus brazos. Fue tan cálida y serena la sonrisa que se dibujó en la cara del niño al despertar, que el cura no pudo evitar acercar un dedo a su manito derecha.
Se escuchó la risa de Agustín, y al mismo tiempo, un crujido óseo. El exorcista tuvo algunos problemas para poder soltarse. Mientras se retiraba de la casa para ir a hacerse ver el dedo al hospital, comunicó su diagnóstico. Este niño no está poseído por ningún demonio, tiene superpoderes.