Solsticio

Hace pocas horas, cuando el reloj marcaba las 23.38 del 21 de diciembre en Greenwich, las 0.38 del 22 del mismo mes en Madrid y las 20.38 del 21 del doce en Buenos Aires, nuestra verdadera estrella, bola de helio candente de mayor importancia que cualquier personaje de Hollywood, se posó justo por encima del trópico de Capricornio, desplegando el día sureño más largo del año.
El solsticio de verano (para el hemisferio del lado de abajo) ocurrió así una vez más. Este evento celeste no habría tenido mayor trascendencia de no ser por el planeta Tierra, que cansado de que se le celebre al sol el solsticio cuando en realidad él no hace nada más que quedarse quieto presentó un recurso de amparo ante la justicia cósmica que sentó jurisprudencia.
A pesar de los grandes esfuerzos realizados por la defensa de la bola de fuego alojada en uno de los focos de la órbita terrestre, el jurado falló de manera unánime a favor de la Tierra. Fuertes críticas desató el dictamen judicial refutado con suma lógica por los físicos, quienes se muestran seguros de que es la masa de la estrella el origen de todo movimiento orbital del sistema.
Se supo que la defensa apelará a la cámara láctea. Y aunque el cumplimiento de la pena por parte del acusado quedará en suspenso hasta tanto alguien se expida en segunda instancia, están firmes las demás determinaciones del tribunal, renombrándose la singularidad orbital que dio pie a este ridículo proceso judicial como terristicio y estableciéndose el 21 de diciembre como el día de la órbita terrestre.
La comunidad científica seguirá de cerca la evolución del proceso mientras intenta predecir las consecuencias que pueden existir de quedar firme la sentencia. Es que el sol fue condenado a ser él quien se mueva por los próximos veinte años. Muchos físicos creen que de llevarse a cabo este enroque cinemático, todo terminará en un cataclismo gravitatorio.