Manufactura del sorbete

Con excepción de aquellos que por vivir en el campo bombean agua manualmente, los condenados a vivir en los distintos niveles de alienación urbanística, desde los pueblos chiquitos, hasta las grandes metrópolis, tomaron alguna vez algún líquido bebible, a través de ese artilugio tan útil como descartable. El sorbete. También conocido como pajita. Los hombres de campo, así también como las paisanas y los niños de ambos sexos se sirven del mismo principio para tomar mate. Pero aquí explicaremos como se fabrica un sorbete, una bombilla es víctima de otro proceso fabricatorio.
Existen, en África septentrional, unos campos de arena desértica propicios para la siembra de una extraña especie botánica. Se trata del arbusto de las guirnaldas plásticas. Una pequeña planta verde, que produce anualmente una incontable cantidad de palitos cilíndricos de plástico. Este extraño fruto derivado del petróleo, suele tener unos veinte a veinticinco centímetros de largo, con diámetros que oscilan entre los tres y seis milímetros. Por su tamaño y forma, resulta la materia prima ideal para la fabricación de sorbetes.
Una vez realizada la cosecha, no es necesario dejar estacionar el producto, ya que a diferencia de todas las demás materias primas vegetales conocidas, esta es de plástico. El proceso de fabricación consta de tan sólo dos etapas. El ahuecamiento de la pajita y su posterior embalaje. La tarea de envolver los sorbetes, uno a uno, primero en sus típicos papelitos blancos y luego en cajas para la venta, es la principal fuente de trabajo de la gente de la zona. El ahuecamiento en cambio, no representa ninguna considerable estadística. Es realizado por la más grande colonia de hormigas entrenadas.
Millones y millones de estos artrópodos trabajan sin parar, construyendo túneles de una punta a la otra de cada fruto. Consiguiendo así el tubito hueco útil como sorbete. No existe ningún antecedente conocido en que una colonia de hormigas haya sido entrenada para la fabricación de ningún producto. Algunos han oído que Biro consideró alguna vez la posibilidad de entrenar a una hormiguita para ajustar un tornillo inalcanzable, pero aún siendo cierto no se habría tratado de una colonia.