Canudos

La realidad supera la ficción. Esos dicen muchos. La historia da muchas razones para sostener esto, aún sabiéndose la imaginación humana, un recurso sumamente creativo e ilimitado.
Mario Vargas Llosa publicó en 1981 La guerra del fin del mundo, una novela histórica acerca de la Guerra de Canudos, una de esas realidades que supera la ficción. Un hecho muy extraño, en su origen y desarrollo. Con un final que no podría ser más atroz.
La historia ocurre en la última década del siglo XIX. Se ubica en la provincia brasileña de Bahía. Un profeta religioso, no estoy seguro si falso o verdadero, recorre los distintos pueblos predicando. Más recorre, más seguidores tiene. Antonio Consejero cautiva a todos. Hasta los delincuentes más violentos lo siguen, arrepentidos de su pasado. En 1893, este profeta, cristiano en el discurso pero bastante más parecido a los profetas judíos en los hechos, decide establecerse en Canudos. Junto con sus seguidores, construye un asentamiento urbano, que llegará a ser toda una ciudad.
El gobierno provincial, sabiendo que gran parte de la población se iba hacia Canudos dejando su hogar y trabajo, cansado de los asaltos de los seguidores del consejero, que robaban animales y todo lo que necesitaban, decide sacarlos a la fuerza. Pero lo que parecía un trámite fue una matanza. Después de ser rechazada la primera expedición militar a Canudos, el gobierno federal envía al séptimo regimiento a cargo del sanguinario coronel Moreira César. Más de mil hombres con cañones y todo, que son rechazados por Canudos. El legendario coronel muere en la batalla.
Entonces el estado brasileño no quiere alargar más la contienda. Envía soldados de diecisiete estados, incontables armas, gran cantidad de cañones. Pero la hostilidad del clima y la fiereza de los habitantes de Canudos resisten mucho más de lo esperado. El ejército termina quemando toda la ciudad, degollando a todos los sobrevivientes.
Se trata sin duda de un hecho muy difícil de imaginar. Y pone de manifiesto, cuan difícil puede ser vencer a un grupo de personas cuya principal arma es la convicción. Porque por más de que hayan sido confundidos con un levantamiento monárquico, los habitantes de Canudos sólo eran personas humildes y exdelincuentes, convencidos de que ese sería el único lugar que sobreviviría al fin del mundo.