Los agujeros de las hojas

Durante muchos años los estados del mundo han intentado mantener en secreto el método más comúnmente utilizado para hacer los agujeros de las hojas de carpeta. Pero la era digital pone en jaque todo misterio gubernamental, publicando abiertamente esas cosas que nadie tenía que saber.
Las hojas de carpeta, como todos suponen bien, no nacen con agujeros. Ni con renglones. Pero los renglones son cosa fácil, porque sólo hay que contratar muy buenos calígrafos y pedirles que pinten líneas rectas paralelas y equidistantes en la superficie del papel. Aunque como cada vez hay menos calígrafos capacitados, en algunas fábricas han sido reemplazados por simples empleados con regla. Incluso en los países desarrollados existen brazos robóticos, que cansados de soldar las partes de los autos, se vuelcan a pintar renglones.
Cuando las hojas están listas son llevadas a un predio perteneciente a la secretaría de inteligencia del estado fabricante. Allí son colgadas de una soga, dispuestas una al lado de la otra. Y a un kilómetro de distancia, los mejores agentes secretos, todos ellos muy bien entrenados, calibran las miras telescópicas de sus rifles de larga distancia, calibre especial. Consideran el viento y la caída del proyectil. Disparan. Y es así como van haciendo de a uno, todos los agujeros de las hojas de carpeta.
Se preguntarán ustedes por qué no les disparan de cerca, pero se les escapa el tema de la temperatura. La bala sale tan caliente del caño que la dispara, que quemaría la hoja dejándole una aureola marroncita. Existen otros métodos, menos frecuentes, de hacer agujeros en hojas de carpeta. Desde los procesos esclavistas que requieren millones de empleados con agujereadoras hasta los automatizados con troqueladoras de control numérico.