Tortura desde Jalapa

JalapaSiento curiosidad por cocinar con esos ajíes originarios del estado mexicano de Jalapa, los famosos jalapeños. Así que me dirijo con muy buena compañía al barrio chino, ahí donde se encuentran cosas raras en los supermercados. Me sorprendo con las formas que puede adquirir una calabaza al ver una verde que parece un bate de softball. Hay otras cosas raras. Ahí están los jalapeños. Compro unos cuantos, con total ignorancia. Vuelvo hasta la cocina. Los limpio y los pico. Y aquí la historia se divide en dos partes. Una primera en que tiro todos los pedacitos de jalapeño sobre unas sabrosas papas fritas y las arruino. Les pongo tanto que quedan incomibles, no podés ni acercártelas a la boca. Una segunda parte en la que siento que un dedo me empieza arder. En seguida otro dedo me duele. A los dos minutos, la punta de todos mis dedos me quema, como si estuviera agarrando una braza al rojo vivo. Tengo ganas de llorar, pero como estoy bien acompañado queda muy mal. Me lavo con agua, con jabón, con detergente. Nada. Cada vez me duele más. Me pongo sal, azúcar con limón. Pruebo con bicarbonato y hasta con crema para quemaduras. Peor. Me saco la crema con jabón blanco. Sumerjo las manos en leche. Parece que la cosa empieza a cambiar, pero el dolor vuelve con más fuerza. Es insoportable. Termino con las manos en un recipiente lleno de agua con hielo. Con el frío logro engañar a esos neurotransmisores, que activados por la capsaicina, me hacen creer que se me van a caer los dedos. Todo termina tres horas más tarde, cuando harto de tener las manos abajo del agua, me hago el valiente y me quedo dormido aguantando el dolor. Cuando me despierto ya no me duele.