Sustracción de merengue

Si digo que Javier siempre fue un trasgresor, digo realmente eso. Que Javier es trasgresor desde chiquito. Claro que siempre tiene que existir una primera vez. Un instante en el que el personaje de una historia haya perpetrado su primera acción de importancia argumental. Aunque hablar de Javier, una persona tan real, como si fuera un personaje de un cuento, es una falta de respeto. Pero no queda opción. Todo dentro de un cuento es ficticio, incluso las personas reales como Javier. Y en este mundo ficcional, necesitamos encontrar ese momento en el que él dejó de ser un niño inocente transformándose en el personaje del trasgresor. Con tanta fuerza se hace sentir esta necesidad narrativa, que a pesar de saber a Javier trasgresor desde que nació, vamos a inventarle el momento, el lugar, las causas y consecuencias de su transformación.
Javier está en la cocina de su casa. Su madre está preparando una torta, batiendo las claras de un futuro merengue. Esto está sucediendo, aunque no sucedió jamás. Javier mira como ese líquido que hace segundos era traslúcido, gana blancura y volumen. Su madre ya no bate. El merengue está ahí, aunque tampoco existió nunca. Ahora, la madre se aleja de la cocina por causa de una distracción cualquiera. Un timbre, el teléfono, necesidades fisiológicas. La que resulte más poética. Javier no puede resistirse. Está estirando el brazo. Mete el dedo en el recipiente. Se roba una buena cantidad de merengue.
Ya existe, aunque totalmente inexistente, la primera trasgresión de Javier. Ahora ya hay una primera vez para este hombre, mucho más real que su propia historia.