Rin raje

El asesino se distraía limpiando el cuchillo. Intentaba olvidar esa reciente imagen sangrienta. Hacía más de una hora que permanecía sentado en el suelo. El timbre lo devuelve a la realidad. Camina hacia la puerta con una escasa cantidad de pasos, de contundente peso. No hay nadie. El niño que tocó salió corriendo. El asesino volvió a la cocina sin mirar hacia el comedor, no quería ver lo que había ahí. Se sentó en el suelo. El timbre vuelve a sonar. Ahora llegan a oírse los pasos del niño, que corre a esconderse. El asesino, esta vez, abre la puerta y busca al niño con la mirada. No lo encuentra. Cierra la puerta. No pudo evitar mirar hacia el comedor. Sintió náuseas. Por tercera vez suena el timbre. El niño corre como antes, pero esta vez el asesino corre tras él. Ve como el niño se esconde, atrás de un árbol. El asesino ahora camina. Se detiene justo frente al árbol. Le da la vuelta. Nota que el niño mira su mano con una intranquila sorpresa. Olvidó dejar el cuchillo manchado de sangre en la casa. El asesino siente un profundo terror. Lejos de sí mismo, camina de vuelta.