Águila espacial

Apolo

No se escucha ningún ruido. Acá en el espacio exterior no hay ningún medio por el que puedan viajar las ondas de presión. Quizás si esta pelota gris tuviera atmósfera, aunque no fuera una de gran calidad, podríamos haber escuchado el ruido que hicieron los pequeños pies del águila al tocar el suelo.

Nosotros estamos acá. Allá abajo todos están por ver el pequeño paso de un hombre ampliado por la debilidad gravitatoria. Se trata de la primera transmisión via satélite de la historia. Todos los televisores del mundo podrán mostrar orgullosos esta hazaña.

Le quedan varios meses a 1969, así que no se sabe todavía que la carrera espacial se está terminando. Rusos y yanquis podrán dedicarse ahora a entrenar atletas, que serán famosos en las olimpíadas de 2008. Una portezuela se abre. Ahí sale un señor con un traje muy grande, disfrazado de marca de neumáticos.

No sé como se llama el sujeto. Yo no lo estoy viendo por televisión. Es muy gracioso como va saltando como si fuera un personaje de cuento infantil.

Supongo que nadie había creído esto posible hasta hoy, exceptuando a Julio Verne. Incluso habrá quienes desmientan este hecho en el futuro.

Yo desde acá lo veo bastante real. Pero no sé cuán real soy.


Esta historia continúa en Apolo 50.

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