Ishi

IshiPara conocer al protagonista de esta historia, la mayoría de nosotros deberá realizar dos viajes. Aquellos que tengan la suerte de vivir en California, podrán prescindir de uno, pero tendrán que esperarnos un rato lo suficientemente largo como para que nos reunamos allá.
Esta es la parte más fácil del asunto. Ustedes pensarán que tengo poca idea de lo que digo, que para muchos de ustedes darse una vuelta por California no es ni fácil ni barato.
Ya estamos todos acá, muy cerca de la falla de San Andrés. Nos miramos mutuamente, sin saber bien por qué estamos todos juntos. Yo lo sé muy bien, pero todavía no se lo dije a nadie. Así que sonrío y hago el anuncio. Vamos a conocer, les digo, al último nativo en tomar contacto con la cultura occidental. Se llama Ishi y está por aparecerse en un poblado. Justamente hoy, 29 de agosto, pero hace cien años.
Este último viaje fue un poco más complicado, pero nos la arreglamos bastante bien. Retroceder en el tiempo no es algo fácil, y aunque nos costó menos dinero, algunos de nosotros perdimos pelo en el camino, y hasta algún dedo.
El viento es cálido en esta época del año, al menos en 1911. Llamamos un poco la atención. Somos un gran grupo de curiosos amontonado en una loma, en una región que en esta época no es más que un pequeño pueblecito del pasado.
Ahí aparece Ishi, camina por la calle aburrido. Ya estuvo mucho tiempo solo. No se le había acercado a nadie desde que un grupo de técnicos que andaban haciendo mediciones para construir una represa hidroeléctrica, descubrieran el último escondite de los yahi.
Pero eso fue en 1908.