Telecrimen

Buenos días, mi nombre es Sebastián y lo llamo para ofrecerle un nuevo servicio. Eso es lo que dijo el empleado. Sólo eso. Aunque no era la primera vez.
Joaquín ya había atendido ese llamado y empezaba a creer que no iban a dejarlo en paz. La primera vez, había corrido a atender el teléfono creyendo que se trataba de la chica del bar. Hola, dijo intentando no demostrar nerviosismo. Nada. Hola, pronunció ya sin poder ocultar los nervios. Un segundo más tarde conocía la voz de Sebastián.
Con paciencia, Joaquín prestó atención al empleado que le ofrecía un nuevo servicio de esos que no necesitaba. Dijo que no. Volvió a la mesa de la cocina y sacó el saquito de la taza de té. No llegó a tomarlo todo antes de que volvieran a llamarlo. Otra vez Sebastián, para ver si seguro que no.
Ahora suena el teléfono otra vez. Ahí está Joaquín. Se levanta y se desplaza hacia el teléfono con rapidez. Dejame tranquilo de una vez, grita llenando de saliva el micrófono. La chica del bar se queja y cuelga indignada.
La cara de Joaquín se transforma. Ahora se va a ir enojando de a poco. Va a buscar su primer teléfono celular, uno de esos que pesan un kilo. Actuará como el mejor detective privado. En unos días localizará a Sebastián.
En este momento se encuentran. El empleado ofreceservicios no lo reconoce, aunque se siente algo incómodo. Vengo a darle mi teléfono, susurra Joaquín con una extraña serenidad, por la cabeza.
No debe haber muchos homicidios como este. Nunca pensé que en una cabeza pudiera haber tanta sangre.