Explota la bolsa

Hoy es martes. Y está tan pero tan nublado, que todo está negro. Es muy poca la luz que puede pasar a través de esa gran cantidad de vapor de agua que flota en el cielo. Estoy en un país que no me pertenece. Ningún país me pertenece, pero este menos todavía, porque ni siquiera nací en él. Ni el idioma entiendo.

Los trajes de la gente son algo graciosos. Diría que son antiguos por parecerse a esas vestiduras que lleva la gente en las películas históricas, pero todavía no hay de esas películas. Las caras de todos reflejan algo terrible. Y no puedo pensar que el problema sea un mal resultado del equipo de este país en el mundial de fútbol, cosa que podría poner así a la gente de otros muchos lugares, pero no de este. No juegan fútbol. Aunque tampoco hubo mundiales.

Ahora empiezo a dudar si son las nubes o las caras de la gente lo que no deja que la luz ilumine el aire. Incluso cuando un rayo solar, con todas sus radiaciones consigue colarse, nada brilla. Como si los ojos de estos peatones absorbieran todo la energía del astro central de nuestro sistema planetario.

Martes negro este 29 de octubre de 1929. Y vienen así los últimos días. Todo el mundo asustado con el porvenir. Ilusionados con que el cataclismo bursátil de este país se revierta. No estoy seguro de que vaya a revertirse. Oí a algunos estimar una pérdida en la bolsa de alrededor del cuarenta por ciento para hoy. Supongo que la situación es extrema y justifica el susto de la gente. Los desempleados por no tener trabajo, los empleadores por quedarse sin empresa, los bancos por perder todos sus billetes.