Vuelo a pedal

Muevo mis piernas. Mis pies mueven los pedales mientras dibujan círculos. Los pedales giran. Una cadena tira de la rueda trasera. Esa rueda gira. Se mueve la bicicleta. La otra rueda gira. Me desplazo a una velocidad importante, para estar arriba de una bicicleta. Un auto puede moverse mucho más rápido, pero usa nafta. Llego a uno de esos valiosos espacios verdes que hay en la ciudad. Uno de los pocos enmarcados por el agua del río. Hay muchos árboles. Pájaros que cantan. Olas que hacen ruido. Viento que salpica. Recorro el espacio, siempre arriba de la bicicleta. No tengo casco. Esto no es revelador ahora, pero ayudará a tomar dimensión de los hechos después. Alcanzo esa velocidad en que las ruedas de cualquier bicicleta comienzan a silbar. Disfruto el aire en mi cara. El viento en contra intenta retrasarme. Más me retrasa un sujeto. Está corriendo justo delante de mí. Siguiendo el mismo sendero. Corre bastante rápido, pero no va en bicicleta. Estoy a punto de tomar una mala decisión. La tomo. Me muevo hacia la izquierda y dejo el sendero. Ya con la bicicleta sobre el pasto me separo del asiento, para poder acelerar y pasar al atleta matutino. Mis piernas dan una vuelta. Un pedal, el del lado derecho, se sale. Abandona la bicicleta. En otro momento me preocuparía porque una bicicleta debe tener dos pedales. Pero me preocupa mi pie. Mejor dicho, el hecho de que ahora mi pie, ya no tiene un pedal debajo. Resulta muy difícil recuperar el equilibrio. La bicicleta se sacude, pero no conmigo. Contra mí. Es momento de tomar otra decisión. No quiero que mis pies queden atorados en la bicicleta. Salto. Paso por encima del manubrio y mi pecho choca con la rueda delantera. Toco el pasto con la cara y la bicicleta me sobrevuela. Cae más adelante. Me duele bastante. El atleta matutino regresa y me pregunta si estoy bien. Respondo que sí. Aunque sigo detrás de él.