Cierra circular

Javier, esta vez, no fue quien trasgredió primero. Sí fue quien lo hizo con mayor contundencia. Pero no el primero.

Por la mañana, alguien estacionó un coche en la puerta de su casa. Lo hizo de una manera desprolija, tapando la salida de su cochera. Javier no se dio cuenta entonces. Recién lo notó más tarde, cuando tuvo que sacar el auto. No podía. Era imposible hasta para el más experimentado camionero. Aquellos que tienen la destreza de estacionar con soltura un camión con acoplado.

Javier llegaría tarde. Iba a salir, ya resignado a hacer uso del transporte público cuando pensó en algo mejor. Canceló sus compromisos y fue al fondo de su casa. Buscó y buscó hasta encontrar la moladora. Le ajustó una cierra circular. Salió a la vereda.

Las chispas saltaban para todos lados. Eran amarillas y grandes, realmente grandes. Javier no era ningún improvisado y mostraba con orgullo sus guantes de trabajo, sus lentes, sus tapones para los oídos. El ruido también era bastante espectacular. Lo que estaba haciendo, algo muy pero muy inesperado.

Cuando terminó volvió a entrar en su casa y guardó la moladora. Se lavó las manos, se sacó los lentes, los guantes de trabajo y los tapones. Se cambió de ropa y salió a la vereda otra vez. Pidió ayuda a un vecino, que aún no se reponía de la sorpresa, y juntos corrieron el trozo del auto que obstruía su cochera.

El auto de Javier salió sin ningún problema. El otro, ya no tiene baúl.