Bisiesto

Estamos otra vez ante la inminente llegada de un año nuevo. En este caso, un año más largo, bisiesto. Chicos y grandes de todo el mundo, de esos que nacieron el 29 de febrero, esperan el 2012 con impaciencia. Quieren cumplir años.

Que nuestro planeta tarde trescientos sesenta y cinco días y seis horas en dar una vuelta alrededor del sol, es algo impreciso. Pero no por eso vamos a andar criticando a la pobre esfera. Váyanse a Marte si quieren, podría decirnos. Y más allá de las imprecisiones de su recorrido solar, nuestro planeta tiene muchas ventajas. Tiene agua y atmósfera.

Se me ocurren dos soluciones, dignas de nuestro siglo. Ambas consisten simplemente en transformar el año, que a la fuerza coincide con la traslación terrestre, en algo independiente. Es decir, que no sea siempre igual. Sólo así los pobres nacidos el 29 de febrero podrán cumplir años sin saltearse ninguno.

Primera propuesta. Año de trescientos sesenta y seis días. Funcionaría muy bien en las zonas tropicales, porque a lo largo del tiempo, las estaciones se irían corriendo de fecha. Aunque posiblemente confunda a los caribeños sin permitirles detectar a tiempo la temporada de huracanes.

Segunda propuesta. Año de trescientos sesenta y cinco días con un día de seis horas agregado para celebrar, a las apuradas, los cumpleaños de todos los nacidos el 29 de febrero. En este caso existiría un problema con la hora, ya que a partir del mes de marzo, y por todo el año, amanecería seis horas tarde.