Crítica estática

Muchas veces se habla de críticas constructivas. Opiniones, porque eso son, que señalan inconsistencias o aspectos por mejorar en alguna cosa. Suelen ser muy útiles, aunque siempre hay que tener en cuenta quién las realiza. La virtud de este tipo de críticas es que son cinéticas. Me refiero a que producen movimiento. Uno puede hacer algo. Ya sea un objeto, un trabajo de tipo teórico, la escritura de un cuento o un retrato. Quien realiza una obra nunca puede ser objetivo. No porque no lo intente. Quien hace algo conoce la totalidad del proceso y eso no le permite contemplar aquello que hace por primera vez. Así que es muy difícil para el creador, conocer el efecto de su obra en un primer encuentro.

La crítica cinética nos hace ver cosas que no podemos ver por nosotros mismos, nos permite revisar aquello que hacemos. Opiniones que mantienen el movimiento, eso son. Ahora bien, en el caso del arte existe la crítica estática. La opinión tajante. No me gustó, podemos decir. Y está bien, porque de eso se trata el arte. Uno está frente a la obra y sabe qué siente con ella. Según qué sensaciones nos despierta nos gusta o no. Lo que pasa es que no tiene mucho sentido compartir esto. Me refiero a que no ganamos nada con decir, esto me gusta o esto no. Porque no estaríamos haciendo otra cosa que detener el movimiento. La obra está ahí. Podemos verla, intentar entenderla, buscarle más de un sentido. En cuanto tenemos claro lo que nos pasa con ella, el movimiento se detiene, para nosotros. Así que podríamos no decir me gusta o no. Así los demás siguen moviéndose con ella, mientras pueden.