Una instantánea

Ahí viene. ¿Cómo que quién es? Es Edwin Herbert Land. No lo culpes por su forma de vestir anticuada, estamos en 1947. Claro, ese peinado a la gomina es de lo más normal por estos días. No, no estás soñando. Es que aceptaste, al momento de leer, las reglas espaciales que te impongo. Así que estamos en pleno invierno. No. Sigue siendo 21 de febrero, pero estamos en el hemisferio norte. Mirá bien, no te lo vayas a perder.

Ahí está Edwin. Tiene un aparato extraño en la mano. Aunque es fácil suponer que es una cámara de fotos. Pero tiene algo raro. Exacto, esa hendidura en el frente. No, no la viste antes. La viste en el futuro, pero si no podés bloquear esos recuerdos, que en este momento adelantan en el tiempo, no vas a poder sorprenderte con lo que está a punto de pasar.

Ahora Mr. Land levanta la cámara. Tuve que pestañear. Nunca soporté bien los ataques de luz momentáneos de las cámaras de fotos. Mirá para qué era la ranura. Sale un papelito chiquito. Blanco y negro. No hay nada. Esto es un fracaso. La verdad te pido mil disculpas, hacerte venir hasta 1947 y tan lejos de tu casa para esto.

¿Qué cosa? No me digas. Sí, tenés razón. El papelito se está pintando a sí mismo un cuadro hiperrealista. Increíble. Este tipo es un genio. Ya no vamos a tener que revelar más nuestras fotos. ¿Qué cámaras digitales? Nunca oí de ningún aparato por el estilo. No sé vos, pero yo estoy en 1947.