MIRá

Hoy es 23 de marzo de 2001. No, no se confundan. De 2001. Si no están cómodos con haber viajado en el tiempo, les pido disculpas. Pero a esta altura deberían saber muy bien que con la literatura no se juega.

Ahora necesito que me acompañen. Es un viaje bastante largo. No, no vamos a usar ningún avión. Ahí les dejé sus tubos de oxígeno. No, tampoco vamos a sumergirnos en el agua. ¿Ya se ajustaron bien todo? Miren que bien que les queda, elegí bien el talle de los tanques. Entremos a este cubículo presurizado. Vamos, anímense. Tiene varios sillones y aire acondicionado. Sí, estamos justo encima de una catapulta medieval gigante.

No todos los días hacemos excursiones espaciales. Nos movemos a miles de kilómetros por hora. Ya no se encuentran catapultas como esa. Estamos persiguiendo un rejunte de fierros orbitales. Ahí está. ¿La ven? ¿No la reconocen? Es la estación espacial MIR. No, ese es un satélite de órbita polar, un poco más lejos, allá al fondo.

Justo ahora vamos a ver cómo se desintegra. No se asusten, no le pusieron ninguna bomba nuclear. Simplemente se va a caer. La atmósfera de nuestro planeta la destruirá sin compasión. Ya hace chispas. Vean cómo se incendia. Desde abajo, si estuviéramos flotando en el océano, podríamos ver un montón de microasteroides hechos de basura.

Fue una linda experiencia. ¿Cómo? ¿Si este cubículo presurizado tiene protección contra incendios? La verdad no pensé en eso. Sí, es un problema. Bueno, es hora de pedir últimos deseos. En pocos minutos, todos moriremos incinerados.