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No se ve mucho en donde estamos. Pero podemos ver un poco gracias a la tenue luz que consigue filtrarse por algunos agujeros. Nos encontramos en una especie de cañería. Parece ser muy larga, aunque eso depende un poco de nuestro tamaño. En todo caso, nosotras somos mucho más chicas que el tubo. Podemos ver a la distancia una serie de agujeros, bastante alineados. Casi podemos asegurar que este caño que nos cobija está abierto por ambos extremos.

Nos llama la atención una sombra. Uno de los extremos del tubo ahora está obstruido. ¿Sintieron eso? Es un ruido extraño. ¡Tengo cosquillas! Algo está intentando empujarme. Estoy un poco asustada. ¡Otra vez! Siento una serie de sacudones desordenados. Estoy realmente incómoda. Los sacudones son cada vez más amplios, más ordenados también.

Ya no se escucha un ruido. Arriesgaría que puede oírse un tono. Mientras tanto, yo me sacudo, pero ahora lo hago ordenadamente. ¡Algo pasa! La velocidad de los sacudones no es siempre la misma. Curiosamente, cuando cambia la frecuencia de mis sacudones, escucho distintos tonos. En este mundo suceden muchas cosas extrañas.

Se hace difícil contarles que pasa cuando me muevo tanto. ¿Vieron eso? El cambio en la velocidad de nuestros sacudones no sólo parece estar relacionado con el tono que se escucha, también con la cantidad de luz adentro del tubo. Es como si alguien estuviera tapando y destapando los agujeros de la cañería. Volvió el silencio. Ahora estoy quieta. Estoy más cómoda, pero ya no tengo nada interesante que decir.


Cuando el instrumentista sopla sobre la embocadura de una quena, las moléculas de aire en su interior entran en resonancia. La frecuencia con la que lo hacen depende del largo real del tubo. El instrumentista modifica la extensión de la columna de aire tapando y destapando agujeros.