Con coro

No hace mucho frío. Plena primavera en Viena. Como que no están en Viena. Vengan rápido. Claro, como dije, está lindo el clima acá en Austria. ¿Qué tengo en las manos? Unas entradas para el concierto que hay acá a unas cuadras. No sé qué orquesta toca.

Aparentemente tocan por primera vez la última sinfonía escrita por un compositor que está casi completamente sordo. Sí, se llama Beethoven. Pero qué lector más culto. Dicen que últimamente está escribiendo cualquier cosa. Me crucé con alguien que todavía seguía enojado con sus últimas sonatas para piano. Me dio sus razones pero no lo entendí. Hice un esfuerzo, pero no hablo alemán. Bueno, apuremos el paso que no queremos llegar tarde.

Ya está por empezar. Están todos los músicos ubicados. Son muy elegantes estos tipos. El público nos está mirando un poco raro, mejor apaguemos los celulares. Ahí empieza. Es algo gracioso el comienzo. Está bien, hago silencio. Así vos podés escuchar pero yo no puedo escribir.

Los aplausos me aturden un poco, salgamos. La verdad que ha sido un concierto interesante. Esta sinfonía tiene mucha potencia. Aunque pensé que obras como éstas no tenían coro. Duró como una hora. Eso es bastante tiempo, aunque la gente en este siglo no vive tan apurada.

Vamos a esperar a que salga Ludwig Van, así lo saludamos. Se merece una felicitación. La verdad que escribir todas esas notas a mano es una prueba de resistencia muscular. Debe tener problemas con el túnel carpiano. ¡Ahí está! Corramos. Maestro, quería decirle que su obra me pareció una genialidad. No me entendió nada. No sé si fue la sordera o el español.

Podemos volver al siglo veintiuno. Suficiente rato en 1824.