Cero absoluto

Es así, le insistía Rodrigo a su propia persona, los átomos de cualquier material se están sacudiendo todo el tiempo, incluso los de tu piel. Mirá si los átomos de mi piel van a estar temblando todo el tiempo, se contestó con fundamento, tendría muchas cosquillas.

La cara que puso Rodrigo, el primero, ese que usa más el hemisferio izquierdo del cerebro, era muy expresiva. Sentía que discutir consigo mismo, a veces resultaba algo extenuante y falto de sentido. Él sabía muy bien que los átomos bailan permanentemente pero no había forma de que Rodrigo, el otro, lo aceptara.

Mirá, siguió argumentando Rodrigo, pero el que usaba más el hemisferio derecho, no podés decir semejantes cosas así como así. Yo me miro la mano, y te aseguro que considero lo que me estás diciendo, pero mi piel está quietísima. Pero lo que se mueve son los átomos, lo interrumpe Rodrigo. Dejame terminar. Me he visto muchas veces la piel con una lupa, podemos mirarme la mano ahora con un microscopio. Pero no alcanza con eso, se impacientó Rodrigo. El microscopio óptico sólo amplía hasta mil veces. Yo estoy hablando de átomos.

Supongamos que te creo al menos por un momento, cedió el Rodrigo escéptico mientras señalaba la mesa de la cocina. Miremos esta mesa, dijo, supuestamente todos sus átomos se están sacudiendo. Ahora, desafió, ¿No te parece raro que si todos se están sacudiendo la mesa no se mueva? Para que la mesa esté así de quieta, ese movimiento que vos decís que hacen todos los átomos, tendría que estar compensado. Y puedo llegar a imaginarme átomos que se sacuden, pero no los veo charlando para ponerse de acuerdo.

Una leve puntada en la cabeza distrajo a los dos Rodrigos. Fue lo suficientemente fuerte como para que dejaran de hablar de átomos y fueran a hacerse la merienda.