Discos con sal

Necesito que juntos volvamos hacia atrás, muchos años. No a ese tiempo en que nosotros éramos chicos, mucho más atrás. Y para aterrizar de manera prolija en el pasado, vamos a irnos al año 1800, número redondo. Respetando la fecha, claro. Así que hoy es 26 de junio de 1800. Estamos en Londres y está lloviendo. ¿Cómo hicimos para llegar a las islas británicas? Al lado de viajar en el tiempo, es pan comido.

Se habrán dado cuenta de que estamos en un recinto donde pronto ocurrirá una audiencia. Hay mucha gente, toda fuera de moda, aunque los que desentonamos somos nosotros. Por las dudas, para no generar inconvenientes, apaguemos los celulares y metámonos la camisa adentro del pantalón.

Estamos por presenciar un evento histórico. La audiencia la organiza la Royal Society. Parece que un italiano, aún no muy famoso, mandó una carta en el mes de marzo. Sostiene haber desarrollado un artilugio que produce corriente eléctrica, sin enchufe. Aunque en estos tiempos, enchufes no hay en ninguna parte.

Hagamos silencio que ahí empiezan a leer la carta de Alejandro Volta. ¿Entienden ustedes? A mí el inglés me cuesta un poco, sobretodo cuando es tan antiguo. Aparentemente, Alejandro sostiene que si vos en tu casa ponés un disco de cinc y arriba un cartón con salmuera y arriba un disco de cobre y arriba un cartón con salmuera y arriba un disco de cinc y arriba un cartón con salmuera y así sucesivamente, armás una pila de discos de cobre, cinc y cartón. Cosa obvia. Lo raro es que si conectás un cable arriba de la pila y otro abajo y los juntás, salta una chispa.

Por la cara que acaban de poner todos los presentes, nadie se cree la carta de Alejandro. Aunque nosotros, que venimos del futuro, sabemos que dentro de unos años la tensión de los enchufes se medirá con su nombre y el planeta estará lleno de pilas de basura.