Alma discreta

Estoy en condiciones de explicar los problemas del mundo. Sobre todo la muerte. Es que todo puede explicarse con una gran facilidad si se piensa en el momento en que dios creó el universo. Como muchos habrán oído, la divinidad trabajó duro una semana y al séptimo día descansó. Asumamos que se jubiló. Esto puede explicar casi todo.

Saben ustedes que este ser omnipotente empezó por separar la luz de la oscuridad, cosa que fue bastante difícil, ya que estaban muy pegaditas. También creó montones de animales. Pero lo más importante que hizo fue fabricar un enorme número finito de almas. Sí, dije finito. O sea que hay almas para tirar al techo, pero son un recurso no renovable.

A partir de este único hecho, al considerar que la cantidad de almas disponibles en el universo es finita y agotable, podemos entender la necesidad de la muerte como un recurso indispensable para la dinámica reencarnativa de la vida. Ya hace mucho tiempo, los orientales se dieron cuenta.

Imaginemos un grupo de sujetos hace millones de años. Ahí los vemos. Están todos contentos porque son inmortales. Ahora supónganlos aburridos, tan aburridos como para sentir la necesidad de matar el tiempo con relaciones sexuales. Es fácil ver como la población de este hipotético grupo de sujetos crece. Sigue creciendo.

Un buen día un nuevo individuo es concebido y el primer hombre muere. Todos se asustan sin comprender lo que sucede. Pero ahora, para nosotros, todo es claro como el agua. Una vez alcanzado el número disponible de almas, al ser concebido un nuevo individuo, automáticamente, y para que no pierda continuidad este increíble sistema dinámico que es la vida, algún individuo muere. No es fácil predecir cuál de todos recibe el premio de morirse.

Así que cuánto más larga sea nuestra vida, más gente se tiene que morir. Incluso, si se amontonan las concepciones, pueden ser necesarios distintos desastres naturales. Es una forma que tiene el cosmos de ocultarnos lo que sucede. Matarnos con terremotos, erupciones o meteoritos.