Chocolate modulado

No habían resultado bien las cosas para Matías la última vez. Recordarán ustedes que en un intento desesperado por llamar la atención en su clase de música, relacionó la armonía con la química y explotó todo por el aire. Esta vez estuvo bastante más tranquilo.

La armonía está llena de cosas raras, en su gran mayoría, ideas especulativas que intentan explicar la estructura de la música y qué tan tensa está. Quizás uno de los conceptos más reales y tangibles de la armonía sea la modulación. Una música que viene girando alrededor de un centro tonal como si fuera un planeta, ya sea de manera abrupta o paulatina, sale disparada de su órbita hasta que otro planeta tonalidad la obliga nuevamente a dar vueltas.

Después de hacer explotar aquel laboratorio con un acorde de séptima disminuida, Matías recurrió a la relatividad general para explicar la armonía, pero como a nadie le gusta la física no le entendieron nada. Así que decidió buscar recursos pedagógicos seguros y tangibles. Fue entonces cuando se le ocurrió hacer comer a los alumnos.

Llegó al aula con dos bolsas. Una con pequeños pedacitos de chocolate semiamargo y la otra llena de maní sin sal. Hoy vamos a estudiar el concepto de modulación en el marco de la armonía tonal, explicó brevemente. Por favor, rogó a sus alumnos, coman un pedacito de chocolate lentamente. ¿Terminaron? Muy bien, ahora cómanse un maní.

Los alumnos pudieron sentir el gusto a chocolate, quedando un residuo de este al terminar de tragarlo. Entonces comenzaron a masticar el maní. Sintieron gusto a maní con chocolate. Poco a poco, el maní se hizo más fuerte. Al final todo era gusto a maní. Definitivamente, pocas veces se han visto vivencias sensoriales tan precisas ilustrando procesos modulatorios.

Lo más curioso de este asunto resultó ser que Matías renunció a sus clases inmediatamente después de lo del maní. Se puso un restaurant con un amigo. Se dedican a la cocina modulatoria. Es un éxito gourmet.