Piedra de cerveza

Hasta hoy compraban botellas de cerveza sin saber cómo se produce tan antigua bebida. Pueden creer que lo saben, pero han sido engañados por los gobiernos del mundo, que ocultan la verdad. Incluso pueden tener amigos que dicen preparar cerveza en la cochera de su casa. Pero esto no es cierto, no son más que agentes secretos infiltrados en sus vidas con la misión de mantener oculto el misterio.

La cerveza es una bebida geológica extraterrestre. Geológica porque sale de una piedra y extraterrestre porque viene de un planeta muy lejano, Oto de la galaxia Jeineken. Se trata de un planeta habitado por unos muñecos verdes ubicado a unos cuarenta años luz detrás de la Luna, cuando la Luna se le pone adelante.

Fueron los antiguos babilonios los primeros en establecer un convenio comercial intergaláctico con los habitantes de Oto para el abastecimiento de cerveza en nuestro planeta. Pronto los egipcios continuarían con la fructífera relación comercial.

Desde entonces se instalaron supuestas fábricas de cerveza por todos lados. En realidad producen licor de melón. Una bebida no tan popular entre los humanos, pero muy codiciada en el planeta Oto. Se preguntarán ustedes cómo enviamos el licor de melón tan lejos. La verdad no tengo ni idea. Lo que sí les puedo contar en cómo llega la cerveza a nuestro planeta.

Una piedra rica en birra es extraída del subsuelo del planeta Oto y luego lanzada hacia la tierra con una fuerza descomunal. La roca al salir de la atmósfera de Oto comienza a licuarse. Viaja a una velocidad increíblemente elevada, recorre 290 kilómetros en una milésima de segundo. Es el viento solar el que va frenando la cerveza mientras se acerca a la tierra. Al acercarse al suelo, la cerveza se calienta tanto que sufre una pasteurización atmosférica.

Existen evidencias documentales que confirman que en la época en que los egipcios dominaban el mundo, cada vez que un envío alcanzaba el planeta, llovía cerveza durante semanas. Hoy en día, gracias a un sofisticado embudo magnético, la bebida puede enviarse a las respectivas plantas de embotellamiento, donde miles de camiones quedan atorados.