Misión atómica

Acompáñenme. Esta vez no sólo vamos a vivir un hecho del pasado, vamos a alterar un poco la historia. ¿Saben qué día es hoy? Sí, 12 de septiembre. El año actual no importa, tenemos que volver a 1933 y viajar a Londres. No, así no podemos ir. Descartemos la indumentaria moderna, no quiero que llamemos la atención.

Ahí está la famosa torre del reloj. Ahora tenemos que correr aguas abajo, bordeando el río Támesis. Sigan, sigan. No me van a decir que ya están cansados. Ahora doblemos a la izquierda. Vamos, que se nos acaba el tiempo. Acerquémonos a aquella plaza. Pueden descansar un poco.

Estamos esperando que aparezca Leó Szilárd, un científico húngaro. ¿No lo conocen? Bueno, tranquilos que yo lo vi en un par de fotos. ¿Qué vamos a hacer? En el momento en que veamos que está por cruzar la calle, le vamos a preguntar la hora. No nos importa que hora es, nos interesa interrumpir sus pensamientos por un minuto.

Ahí está, andá vos. Sí, vos. Corré que tenés que llegar antes de que se le prenda la lamparita. Disculpe, preguntás vos, ¿tiene hora? What?, responde Szilárd. Excuse me, te corregís, what time is it? Entonces Leó te contesta con educación.

Ya está, cambiaste la historia. ¿Por qué? Interrumpiste al científico en el preciso momento en que se le ocurría como usar la fisión nuclear para hacer una bomba. Claro, la bomba atómica. Si no fuera por vos, dentro de unos años el tipo le iba a escribir una carta a Roosevelt e iba a iniciar el proyecto Manhattan. Y en 1945 se hubieran muerto un montón de japoneses otra vez.