Divorcio geográfico

Un divorcio en 1918 es bastante raro, así que vamos al europeo comienzo del siglo XX. En este caso, quienes se divorcian son longevos. Una pareja que disfrutó hace apenas dos años de sus bodas de oro. Creemos a veces que si dos enamorados han logrado aguantarse mutuamente por cincuenta años, ya nadie los puede separar.

Pero todo puede desgastarse. Y si bien no conocemos las causas específicas en este caso, podemos imaginar muchas. Posibles infidelidades, por ejemplo. Incluso podrían existir sospechas más o menos fundadas de uno de los novios, que erosionando la confianza de la pareja produzcan consecuencias irreversibles aún sin que hayan existido hechos concretos.

La economía también puede llegar a ser algo peligroso. Claro que en 1918 todavía no existe una desesperación tan marcada por el consumo de productos inútiles. Aunque sobran ejemplos en la historia de adictos al juego que comprometen el futuro de su familia después de ridículos intentos de recuperarse en una sesión de timba. También están los que yendo a lo seguro se gastan toda su fortuna en el máximo posible de medidas de whisky.

Por supuesto está el tema de los límites. Que vos llegás hasta ahí y yo hasta acá. Que no pases tal línea porque te declaro la guerra. Que tu mapa no es exactamente como el mío. Este tipo de conflictos crea una increíble cantidad de empleo para los agrimensores, que con sus teodolitos tienen que recorrer el territorio de la pareja intentando descubrir quién tiene razón.

Supongo que para conocer las causas de esta ruptura tendríamos que estudiar historia. Lo cierto es que a partir de hoy, Hungría se separa de Austria.