Hipo

Ya duele. Es que una contracción involuntaria del diafragma y algunos músculos intercostales no es gran cosa. Pero su repetición rítmica y continua en forma de hipo es otro problema. Sobre todo cuando son las tres de la mañana y uno se despierta incómodo, sabiendo que tendría que estar durmiendo.

Otra vez. Así no se puede dormir. Tomo una decisión difícil pero necesaria. Medio despierto decido luchar contra el hipo y para vencerlo recurro a técnicas populares tradicionales que poco tienen que ver con la medicina. Aguanto el aire un rato. Lo retengo adentro mío y empiezo a sentir que el cerebro me comenta: respirá que nos morimos. Y justo antes de tomar aire de nuevo, otra contracción del diafragma. El hipo gana 1 a 0. Me levanto y voy hasta el baño. Aguanto el aire otra vez y al mismo tiempo tomo siete tragos de agua. Espero. Me ilusiono. Vuelve a aparecer el hipo, que gana 2 a 0.

Me siento en el suelo, sin ganas de pelear. Quiero dormir pero así no voy a poder. Me distraigo pensando en lo lindo que sería estar durmiendo y de repente me doy cuenta de que el hipo desapareció. ¿A dónde habrá ido? Vuelvo a acostarme con una sensación de triunfo, aunque el hipo haya ganado el partido.

Para cuando termine de desayunar, unas seis horas más tarde, el hipo estará de regreso y esta vez no se irá tan fácil.