Año nuevo

En estos momentos, aquellos que vivimos en América estamos preparando los festejos de año nuevo. Preparación que puede incluir gran diversidad de actividades aunque quizás la más reiterada sea la limpieza exhaustiva de aquellas casas que han sido elegidas para hospedar familias enteras. Porque es bien sabido que a ningún anfitrión le gusta que su casa esté poco presentable. Claro que en algunos casos, con un poco de exageración limpian hasta los adornos y corren apurados para poder completar el proceso antes de la llegada de los primeros invitados.

Sin embargo tienen que saber una cosa, ya es tarde. El año nuevo ya llegó y lo saben bien los Australianos, incluso algunos rusos audaces de esos que viven en las costas del Estrecho de Bering. Ya brindaron, se saludaron, tiraron todos los fuegos artificiales que tenían. Incluso hace un par de horas están durmiendo.

Y sí, acá en occidente el año puede ser muchas cosas pero de nuevo no tiene nada. Hecho claramente injusto y que me hace pensar que la comunidad internacional debería considerar ir rotando, año tras año, la polémica línea del cambio de día. Supongo que no será difícil convencer a todos los que viven por ahí, ya que no debe haber muchas cosas tan molestas como remar unos metros y que los lunes se transformen en martes.