eruTon

Ella tenía bastante frío. No sabía bien a dónde estaba, pero del frío no dudaba. No podía asegurar estar moviéndose, al menos no lo hacía rápido. Aunque cuando el estado de movimiento de uno no varía no hay nada que sentir, porque no sentimos la velocidad, sentimos la aceleración. Tampoco podía ver muy lejos. Más bien no podía ver nada. Todo era oscuro a su alrededor aunque no era necesariamente de noche. Muy probablemente estuviera en una especie de conglomerado denso de distintas cosas, o quizás cosas iguales a ella.

Pero lo interesante sucede justo ahora. Por un tiempo muy pero muy breve pudo ver tanta luz que se encandiló. Y al mismo tiempo sufrió una violenta sacudida. Aunque lo más incómodo fue la temperatura. Sintió como su cuerpo se calentaba por encima de los veinte mil grados. De golpe se dio cuenta de que ya no tenía límites definidos.

La sacudida se calmó un poco y empezó a propagarse lejos. Ella no lo sabía, pero viajaría a través del aire para llegar a sonar en los oídos de distintos animales. Se trataba de un sonido que hablaba. Miren que se puede largar a llover en cualquier momento, decía. Pero ella no escuchó nada. Estaba atenta a los cambios de su cuerpo, que era vaporizado víctima de una cruel pubertad termodinámica.


Cuando una nube origina un rayo, este calienta tan rápido y con tanta intensidad lo que hay a su alrededor que se produce una explosión. El trueno comienza siendo una onda expansiva que viaja más rápido que el sonido, pero a los diez metros ya es sólo un estruendo.