Alfajor suspendido

Los argentinos consumen seis millones de alfajores por día. Una cifra sin duda respetable. Aún así la curiosidad que demuestran por el proceso fabricatorio de esta especie de doble galleta con algo en el medio, es escasa.

Claro que en principio los alfajores no son ninguna ciencia. Si sabés hacer galletitas, tenés que hacer dos. Entonces tenés una galletita y le ponés el dulce. Colocás la otra galletita arriba. Apretás un poco. Como el dulce siempre es un poco pegajoso las tapas se quedan juntas.

Ahora bien, una gran cantidad de los alfajores argentinos están bañados en chocolate. Así las galletitas quedan ocultas por una fina capa negra de sabor. El misterio empieza cuando vemos que el alfajor no sólo está cubierto por arriba. También es negro por abajo.

Esto ya no es tan fácil. Lo confirmé después de probar en mi casa. Apoyé el alfajor en la mesa y le tiré baño arriba. Nunca se puso negro abajo. Así que comencé una seria investigación con el fin de averiguar cómo los hacen.

No fue fácil porque el concepto tecnológico utilizado no fue patentado y por lo tanto no es público. Pude ver las máquinas funcionando en una fábrica adonde conseguí entrar para inventar fechas de vencimiento. Y como me hicieron firmar un convenio de confidencialidad, muy probablemente termine preso después de contarles esto.

El alfajor viene desnudo hasta una extraña máquina que fabrica tornados longitudinales. Grandes turbinas soplan a través del centro de una cinta y unas aspiradoras chupan por los costados. Entonces sucede algo mágico. Los alfajores quedan suspendidos en el aire, bailando un poco. Dando algunas vueltas. En ese momento les tiran el chocolate arriba.

En un principio el baño es parejísimo, sumamente perfecto. Pero cuando los alfajores alcanzan el final del tornado caen con elegancia otra vez a la cinta. Es el propio peso del alfajor el que hace que el lado de abajo del baño quede chatito.