Atractor de Lorenz

Era el día de noche buena. Ese en el que mientras se espera el nacimiento del hijo de dios el sol pasea en el cielo igual que en todos los demás. Gabriel estaba en su departamento y ya no quería sacar fotos desde el balcón. Estaba solo y eso no iba a cambiar, porque el autor no le había escrito una familia para brindar con los primeros petardos. Seguramente, a la noche, iba a subir a la terraza del edificio para hacer algunas fotos de los fuegos de artificio. Los petardos hacen mucho ruido pero no salen. Las fotos son muy calladas.

El mayor problema para Gabriel era la lentitud del tiempo. Porque todavía no había llegado el momento del almuerzo y ya estaba aburrido. Como iba a tener que esperar mucho para sacar fotos pirotécnicas se sentó en el suelo de su casa con la cámara en la mano. Se preguntó qué sacar. Y estuvo cerca de esa crisis que cada tanto sufre todo artista. Con todas las que saqué, pensó, ya quizás no quede ninguna foto nueva por hacer.

En ese momento el autor decidió inyectarle una idea en la cabeza. Por supuesto Gabriel nunca iba a saber que no era propia. Recordó una exposición de fotos que nunca había visitado (porque el autor inyectó recuerdos también) y reflexionó. Es momento de sacar una foto conceptual, decidió.

Aquí es donde la sorpresa se la llevó el autor. Gabriel estuvo jugando con el agua de la canilla del baño un rato. Abría poco, abría mucho y observaba el dibujo tenue que hacía el agua en la pileta. ¿Y el concepto? El fotógrafo de los paisajes intervenidos había extrapolado ese dibujo. Lo había llevado al universo de los sistemas de ecuaciones diferenciales ordinarias. ¡Estaba dibujando un atractor de Lorenz!

Cuando el fluido y efímero perímetro de su dibujo lo dejó conforme salió del baño un momento para volver a entrar con la cámara en la mano. Y después de tocar un par de botoncitos apuntó hacia abajo. Un destello de luz blanca rebotó contra la pileta y nos encandiló.


Esta vez sentí un poco de cosquillas. Una pequeña descarga eléctrica se me escapó de golpe. Un fogonazo blanco salió de mi cuerpo justo cuando abrí el ojo. Lo volví a cerrar rapidísimo, quizás por el susto. No entendí el agua que estaba viendo.