26 mártires

Y en este momento, se despiertan. Sí, ahora ustedes están despiertos. Quédense tranquilos, los dormí únicamente para que no sufran las inclemencias de los viajes en el tiempo. Es que teníamos que viajar muchos años. Estamos en la prefectura de Nagasaki, sin rastros de radiación ionizante, porque todavía nadie tiró ninguna bomba atómica. Es 5 de febrero de 1597. Los abrigué un poco porque hace frío.

Nos estamos moviendo para buscar una buena ubicación para poder ver la colina Nishizaka en las afueras de la ciudad. Lo que está por ocurrir es terrible. Hace poco condenaron a muerte a veintiseis cristianos, algunos de ellos jesuitas japoneses. Tengo entendido que vienen desde Kyoto y los van a crucificar justo en esta colina.

Escoltados por recios soldados orientales los cristianos llegan a la ladera que les toca. Comienzan a subirlos a las cruces, distribuidas en una gran superficie que pronto se manchará de rojo. La gente empieza a reunirse. Poco a poco la cantidad de espectadores crece. Hay más de 3000 personas.

En un momento quedará claro que no están mirando una película. Cuando comiencen a clavar lanzas en los cuerpos de los condenados y la sangre manche el suelo, algunos no podrán resistirse. Romperán el cordón de soldados y correrán hacia las cruces limpiando el cuerpo de las víctimas. Incluso recogerán tierra y se llevarán trozos de kimono, pero los verdugos no se quedarán tranquilos. Los rechazarán a los golpes y pronto su sangre se mezclará en el suelo con la de los 26 mártires.