Mate orbital

Dios es argentino. Sé que muchos dirán al terminar de leer los renglones que siguen que bien podría ser uruguayo. Con esos daré el brazo a torcer y tras una ardua negociación concluiremos juntos que en realidad es las dos cosas. Aclaro rápidamente que no estoy diciendo esto por un gol con la mano. Es un experimento científico serio lo que acaba de zanjar la discusión en forma definitiva. Otros críticos también dirán que ningún país existía cuando nació el Tata, pero es fácil refutar ese aburrido argumento. Dios es eterno, infinito. Dios no nació nunca ni en ningún lugar.
La nacionalidad le cae entonces encima porque la quiso. Sí, la quiso. Cuando con un estruendo eructó el universo se aseguró de que las leyes físicas permitieran el gesto argentino por excelencia. Mientras escucho otra protesta de los uruguayos les cuento. Hace unas semanas un cohete, de esos cuya primera etapa puede aterrizar sin sobresaltos para ser reutilizada, lanzó al espacio un cargamento para la estación espacial internacional. Adentro había, entre otras muchísimas cosas, un mate. Claro, también una bombilla, un paquete de medio kilo de yerba orgánica y un termo con pico vertedor. Materiales fundamentales para la realización del experimento que inesperadamente confirmó la nacionalidad de dios.
Con un costo total de unos 3 millones de dólares, de los cuales la mayor parte se usó para pagar el cohetazo, el ensayo científico más argentino alguna vez llevado a cabo en el espacio confirmó que no se puede tomar mate en gravedad cero. Muchos esperaban este resultado, según decían era evidente. Cuando la gravedad no empuja el agua caliente al fondo del mate la bombilla no puede trasladar el agua hacia adentro de la boca del sujeto que lo toma. Pero había que confirmarlo.
Por supuesto todo experimento está envuelto en polémicas y el consenso en la comunidad científica no es total. Uno de los grupos que niega estos resultados es el de los tipos que sostienen que el planeta es plano. Otros simplemente se quejan de que decidir la nacionalidad de dios sólo porque la gravedad es una fuerza física fundamental para tomar mate es, como mínimo, una extrapolación delirante e insostenible. Lo cierto es que los astronautas pudieron tomar gaseosas, té, café e incluso fumar con un narguile. Pero no pudieron tomar mate. Muchos dirán también que la gravedad es tan necesaria para el ordenado movimiento de los astros como para tomar mate. Pero esos seguro que son suizos o checos. ¡Y no entienden nada de mate! Cualquier animal que tome mate, más aún si toma mate amargo, sabe que dios se tomó el trabajo de crear el universo no para que un montón de físicos construyera un colisionador de hadrones, ni para que los egipcios copiaran las constelaciones en el suelo con pirámides ni para que las ciudades se llenaran de bares de cerveza artesanal. Dios creó el mundo para que podamos tomar mate.
Así que sepan, queridos lectores, que si no toman mate están negando la razón primigenia por la que durante millones de años los genes mutaron y las marcas de cromatina hicieron memoria en millones de células. Ustedes, como yo, están acá para tomar mate. Todo lo demás es accesorio. Hagan como los astronautas que aún siendo rusos, canadienses, yanquis o alemanes ceban mate todo el día. Mientras esperan que el humo que llenó la estación espacial durante el experimento de fumar pipa salga por la ventana que nunca se animan a abrir.