Apolo 50

No te diste cuenta pero acabás de viajar 50 años y 400.000 kilómetros. Y no sentiste nada… Claro, la literatura es la forma más segura de viajar. Incluso el viaje en el tiempo literario podría considerarse súper seguro. Después volvés al momento de partida y no se altera para nada el devenir de los sucesos. Estás de pie en la superficie del satélite natural del planeta y otra vez te salva la literatura. Porque si no fuera por ella, te estarías ahogando.

Ahí a lo lejos ves un par de muñecos blancos al lado de una nave arcaica de cuatro patas de la que salieron hace un rato. Ese es Neil Amstrong, el que se acerca a la escalera del módulo. Ese otro se llama Edwin Aldrin. Tiene una cámara de fotos en la mano, una Hasselblad. A mí me encantaría tener una pero son carísimas. No se escuchó el obturador pero sé que sacó una de las pocas fotos de Amstrong en la superficie lunar.

Dentro de 50 años va a haber un montón de personas repartidas por ahí sosteniendo que esto no ocurrió nunca, diseñando una teoría conspirativa tras otra. Pero eso vos ya lo sabías porque venís del futuro como yo. ¿Escuchaste el sonido ese? Sí, es un teléfono de los viejos, con cables y todo. Paremos la oreja…

Gracias señor presidente, dice Amstrong con voz de astronauta. Es un honor, un privilegio para nosotros estar acá. Seguro que sabe la montaña de plata que costó traerlo. Representando no sólo a los Estados Unidos de América, sigue, sino a hombres y mujeres pacíficos de todas las naciones, interesados y curiosos, personas con una visión de futuro. Es un honor para nosotros, termina, tener la posibilidad de participar en esta misión.

No oímos qué le dijo al comandante el presidente Nixon, pero es el político. Seguro que fue completamente irrelevante. Allá en el planeta, adonde están todos los demás humanos, la gente debe estar hablando de esto. ¿De qué otra cosa hablarías cuando la humanidad logra semejante hazaña? Me quedaría un rato más, pero tendría que seguir escribiendo.

Antes de volver cada uno a su casa les sugiero pasar por Columbia, el ladrillo ese que quedó dando vueltas con el sufrido de Michael Collins adentro. El flaco se aguantó un viaje espacial de 4 días y no va a dar ningún saltito de canguro en la luna. Se merece una docena de medialunas.

Esta aventura viene de Águila espacial y de alguna manera sigue en Apolo XI.